Lorenzo a su amada Jesica

Belmonte. Una calle de árboles que conduce a la casa de Porcia

"¡Con qué suavidad brillan los rayos de la luna en ese blanco césped! Sentémonos aquí y que los acordes de la música penetren furtivamente en nuestros oídos. La calma, la noche y el silencio prestan nuevo encanto a los ecos de una: dulce armonía. Siéntate, Jesica, y contempla la celeste bóveda ricamente tachonada de globos de oro. Todas esas estrellas producen en su revolución una angelical armonía con los coros de los querubines de ojos radiantes de juvwntud; tal es la armonía que sienten las almas inmortales, pero nosotros no podemos oir esa armonía mientras encierra nuestra alma esta capa de barro perecedero."
EL MERCADER DE VENECIA, William Shakespeare

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